Antonio Mora formó parte
de 11 de los 13 campeonatos de los pingos, incluyendo el más reciente de la
temporada 2002, en la que vivió la tristeza de haber perdido a uno de sus
grandes amigos y compañeros, Nelson Barrera, fallecido trágicamente en julio
pasado.
En aquella ocasión, la directiva del México ofreció una misa en el Foro Sol
antes de un partido contra los Saraperos de Saltillo y en la que el “Abuelo”
Mora expresó una sincera consternación por la muerte del máximo jonronero
en la historia de la Liga Mexicana.
Ésa fue una doble tragedia para el que fue un auténtico icono de los Diablos
Rojos. Entonces, su voz, generalmente sonora, alegre, dicharachera y a veces
inintelegible, se tornó serena y a punto de quebrarse: “Me llevo un bonito
recuerdo (de Nelson), fue un compañero y un compadre, para mí fue lo máximo,
él y el Diablo Montoya. No se puede olvidar. El día que nos avisaron me dolió
mucho su desenlace porque yo también acabo de perder a mi señora hace un mes.
¿Qué te puedo decir?
Fue un gran pelotero y va a seguir siendo un hombre recto”. “El Abuelo” fue
estimado por varias generaciones de peloteros, directivos y fanáticos. Se
le podía también considerar un tercer coach dentro del terreno de juego, al
indicar a los corredores si debían o no barrerse en home. Ahora su hijo, Óscar,
se queda para ocupar su lugar. Capitalino de nacimiento, “El Abuelo” Mora
será una figura inolvidable para la afición del México, que verá muy raro
el dugout y toda la zona detrás del plato y cercana a la caseta escarlata
sin su simpatía y su amor por el beisbol y por los Diablos Rojos.
Descanse en paz, Antonio “El Abuelo” Mora.
Notas
de México