San
Juan (Exclusivo Edwin "Kako" Vázquez, Febrero 4, 2002)
La tragedia de los dirigentes
en las Grandes Ligas es un pasadía que día a día los persigue amparados
en que su equipo gane y todo el mundo se sienta bien. Suena bien pero nadie
sabe lo que esto verdaderamente significa.
Los errores, la indisciplina y displicencia de los jugadores llevan al calvario
a los que no tienen la culpa en la mayor parte de las veces. Cuando el equipo
gana todo es alegría y complacencia, felicitaciones y mucha algarabía a
su más alto nivel. El comandante de la nave y estratega es el que esta detrás
de las cortinas moviendo sus fichas para convertirlas en victorias.
Muchas veces en los juegos
que vemos por el televisor observamos a los dirigentes en una esquina pensativos
y a la espectativa, sin embargo ese es su mundo, un mundo pensante donde cada
victoria alarga su estadía en ese negocio. Joe Torres, Bobby Cox y Lou Pinella,
Tom Lasorda (retirado) y Earl Weaver (retirado) son ejemplos de dirigentes
de durabilidad en este negocio del béisbol.
Cuando la nave empieza a titubear entonces vienen las críticas en contra de
los dirigentes, se les acusa de flojos y comienza la debacle y el corre y
corre. La oficina central presionada por los disgustos de los jugadores y
de las historias que se publican proceden a despedir al dirigente ofreciendole
tal vez un hueco en otra posición.
Ese fué el caso de Herman Frank que llegó a los Cachorros de Chicago en un
momento interesante y batalló durante dos años para que ese equipo se convirtiera
en ganador. Hizo de todo, en su tercera temporada, en 1979 el equipo estaba
a punto de entrar a la ruta ganadora, sin embargo el último mes de competencia
empezaron los problemas. Querían sentarlo en la silla eléctrica, había
veneno por todas partes y los peloteros le hacían la vida imposible.
Peloteros como Bill Buckner, Barry Foote, Ted Sizemore, Mike Vail y el "grandote"
Dave Kingman era la "ganga" que quería destronar su rey, Herman Frank. Bill
Buckner llegó a los Cachorros antes de iniciarse la campaña de 1977 el mismo
año que Herman Frank entró como dirigente. Buckner era el tipo de pelotero
"llorón" que se quejaba de todo y le gustaba sobresalir y ser el chico de
la película. Al llegar Kingman la cosa cambió y Buckner entonces se puso "celoso"
comenzando entonces una "cacería de brujas" en el equipo.
Al otro lado Herman Frank se jalaba los pelos buscando alternativas para fumar
la "pipa de la paz". Una vez Herman Frank comento: "En mi carrera en el béisbol
como dirigente he sido muchas veces víctima de ofensas pero tengo que admitir
que nunca como las que me ha hecho Buckner". Lo consideré el jugador sencillo
y deseoso de triunfar. Solo encontré un tipo que jugaba para el, solo le importaba
su persona.
El día que fallaba en
pegar "hits" su comportamiento era el menos preciso en el "dugout". Consulté
con algunos amigos y relacionados con los clubes en que Buckner había jugado
y me aseguraron que cuando estuvo con los "Dodgers" en tres ocasiones tuvo
enfrentamientos con el mentor Walt Alston.
Se sentía envidioso por la gran temporada por la que atravesaba Dave Kingman.
Los problemas de Frank con Kingman fueron pocos, encontró la forma de manejarlo
con "paños tibios". En una ocasión en un viaje de regreso Kingman comento:
"Quisiera que me negociaran esta organización esta podrida".
El segunda base Ted Sizemore era un pelotero que tenía excusas para todo,
cada vez que hacía algo malo pedía que lo perdonaran. Foote era "el chismoso
del barrio" se la pasaba hablando de todo el mundo y del club. Sin embargo
Sizemore era el más peligroso después de Buckner, un día se presentó a la
oficina de Frank y le pidió que comenzara a hacer números sobre su contrato
para 1980 si quería que siguiera jugando con el equipo, se la pasaba amenazando.
En Boston le formó tremendo lio a Don Zimmer en una comida de promoción de
béisbol. Barry Foote al enterarse de la salida de Frank del equipo comentó:
"Lo que necesitamos son jugadores y no dirigentes, un cambio es siempre saludable.
Al cumplir tres años Herman Frank se encontró solo, la oficina central le
negó el respaldo. El único remedio a mano era irse, y así lo hizo, aunque
se dice que lo botaron. Como ven mis amigos parece fácil pero no lo es, es
una presión continua que ronda a diario en la sangre de los dirigentes. "HERMAN
FRANK FUE UNO MAS DE LA LARGA HISTORIA DE DIRIGENTES DESPEDIDOS"
EDWIN KAKO VAZQUEZ
HISTORIADOR Y ESCRITOR DEPORTIVO
edwin@beisbolprofesional.net

| ||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||
|
| ||||||||||||||||||