Sin embargo, la buena
suerte que se hace presente en un momento maravilloso que se va al libro de
récords, no siempre se mantiene al lado de los autores de las grandes hazañas
sobre el montículo fuera de los diamantes.
Hace tres años, el 18 de julio de 1999, se escribió el más reciente juego
perfecto en la Gran Carpa. El derecho de los Yanquis de Nueva York, David
Cone, blanqueó a los Expos de Montreal, en partido interligas, retirando
en orden a los 27 bateadores que enfrentó. La jornada tuvo un sabor especial
porque se dio la increíble sincronía de que ese domingo, Don Larsen, el único
pitcher que ha conseguido un juego perfecto en Serie Mundial, estaba presente
para realizar el primer lanzamiento simbólico. El legendario Yogi Berra también
estuvo presente para recibir un homenaje como en aquel cotejo de 1956, cuando
estaba detrás del plato recibiendo los disparos de Larsen.
Cone escribió historia de varios modos, en primer lugar, porque superó la
marca de Cy Young de ser el más veterano serpentinero en conseguir la perfección,
a sus 37 años, mientras que Young lo hizo a los 36, en 1904.
Uno de los hechos que también marcaron esa jornada fue que la lluvia interrumpió
durante 33 minutos las acciones, en la tercera entrada, lo que no sacó de
ritmo a Cone, quien se vio beneficiado por buenas jugadas a la defensiva de
sus compañeros, entre otras, las de Paul O’Neill, en la primera, y, en la
cuarta, de Scott Borsius, quien consumaría el out 27.
Sin embargo, después de ganarse la inmortalidad, Cone no ha tenido la suerte
de su lado. Al año siguiente sufrió una baja de juego considerable, siendo
también atacado por lesiones, que lo hicieron consumar la peor campaña de
su carrera al terminar con balance de 4-14 y un elevado promedio de efectividad
de 6.91. Los Yanquis no quisieron conservarlo y emigró a las filas de los
grandes rivales, los Medias Rojas con los que tuvo un desempeño regular en
el 2001, tras lo cual decidió retirarse. Aunque su carrera estuvo llena de
éxitos, nada fue igual para David Cone después de aquella tarde de hace tres
años.
Otro caso en el que la suerte no trató muy favorablemente al autor de otro
juego perfecto fue el del zurdo David Wells, quien un año y dos meses
antes que su compañero Cone, había alcanzado la gloria, en el mismo escenario
el Yankee Stadium.
Wells estuvo perfecto el 17 de mayo de 1998, al vencer 2-0 a los Mellizos
de Minnesota, y fue parte de una de las más gloriosas campañas en la historia
del beisbol porque los Mulos de Manhattan impusieron su récord de 114 victorias
y se fueron todo el camino hasta barrer la Serie Mundial, en la que Wells
ganó el primer partido. No se imaginaba que estaba por sufrir un duro golpe
anímico antes de que arrancara la siguiente campaña. Los Yanquis decidieron
mandarlo a los Azulejos de Toronto como parte del cambio que hizo llegar a
Roger Clemens a la Urbe de Hierro.
Aunque sacó la casta y tuvo dos excelentes campañas con 17 y 20 triunfos para
la novena canadiense, en el 2001, llegó a los Medias Blancas de Chicago y
fue atacado por las lesiones, que le hicieron caer a un pobre récord de 5-7,
en lo que parecía el final de su carrera. Afortunadamente, a sus 38 años fue
“rescatado” por el “Jefe” Yanqui, George Steinbrenner, quien lo hizo regresar
al Bronx y está cumpliendo al ya alcanzar la decena de victorias cuando va
media temporada.
Otros casos de mala suerte
Aunque no ha sido la constante o lo que pueda llamarse un maleficio o maldición
el lanzar juegos perfectos en las Mayores, si ha habido casos especiales.
Adie Joss fue una estrella de los Indios de Cleveland y autor de un
sensacional duelo de pitcheo contra Ed Walsh, de los Medias Blancas, –ambos
son miembros del Salón de la Fama-, a quien venció por 1-0 con partido perfecto,
el 2 de octubre de 1908, tuvo una de las carreras más cortas para un elemento
del recinto de los inmortales al haber jugado únicamente nueve años. Menos
de tres años después de su proeza, en 1911, Joss fue hospitalizado al caer
enfermo de meningitis tubercular y falleció el 14 de abril de ese año.
Don Larsen nunca fue un lanzador impresionante, por el contrario,
se le podía considerar “del montón”, sin embargo, el 8 de octubre de 1956,
con sus 97 disparos a la goma venció 2-0 a los Dodgers de Brooklyn, en el
quinto partido de aquel Clásico de Otoño, para redondear el único juego perfecto
en postemporada hasta la fecha.
Larsen, quien había tenido una campaña de 21 derrotas dos años antes con Baltimore,
nunca ganó más de 11 juegos en una temporada después de los Yanquis deambuló
por los Atléticos de Kansas City, Medias Blancas, San Francisco, Houston y
Cachorros para terminar con marca de 81-91. Como se verá su momento de gloria
máxima no pudo enderezar su carrera.
El zurdo Sandy Koufax, ídolo de los Dodgers de Los Ángeles y uno de
los “monstruos sagrados” del montículo hizo más grande su leyenda, el 9 de
septiembre de 1965, cuando logró su juego perfecto al derrotar 1-0 a los Cachorros
de Chicago.
El tres veces ganador del trofeo Cy Young fue uno de los brazos más dominantes
de su época y, en 1966, apenas con 30 años de edad y habiendo acumulado 27
triunfos en la campaña, tuvo que tomar la dolorosa decisión de retirarse por
una lesión en el brazo de lanzar, la cual no quiso agravar, teniendo que cortar
una de las más fabulosas trayectorias, que parecía que iba en pleno ascenso
y madurez.
En los últimos 21 años, se han concretado siete de las 16 joyas de pitcheo
en las que el abridor retira a los 27 bateadores que enfrenta a lo largo de
nueve entradas y gana el partido, sin embargo, a aquellos que lo han logrado
la fortuna no les ha sonreido después de sus proezas.
El 15 de mayo de 1981, Len Barker, de los Indios de Cleveland, derrotó
3-0 a los Azulejos de Toronto, al lanzar el primer juego perfecto en 13 AÑOS.
Lamentablemente, Barker se derrumbó desde la campaña siguiente y llegó a tener
hasta 10 juegos abajo del .500 de porcentaje en su récord personal.
Algo similar sucedió con Mike Witt, de los Serafines de California, quien
el 30 de septiembre de 1984, último día de la campaña regular, venció 1-0
a los Rangers de Texas. Witt se apagó hacia el final de su carrera, fue un
serpentinero del montón y terminó con más perdidos que ganados de por vida.
En 1988, Tom Browning, de los Rojos de Cincinnati, lanzó juego perfecto
y derrotó a los Dodgers 1-0, el 16 de septiembre. Al año siguiente, estuvo
muy cerca de conseguir uno más. Fue campeón en 1990, pero en el '94, una terrible
lesión terminó con su carrera.
El nicaragüense Dennis Martínez se sale un poco de estos cánones porque
no tuvo tan mala fortuna. “El Presidente”, entonces con los Expos de Montreal,
no permitió que ningún Dodger se embasara aquel 28 de julio de 1991, en Los
Ángeles. Dennis era ya un veterano de 36 años, pero logró mantenerse en las
Mayores con diferentes novenas hasta los 43 años, imponiendo un récord de
243 victorias para pitcher latinoamericano.
Kenny Rogers, de los Rangers de Texas, se convirtió en el primer zurdo
en la Liga Americana en lanzar un juego perfecto. Ello ocurrió, exactamente
tres años después de aquel de Dennis Martínez, el 28 de julio de 1994. Rogers
se elevó a grandes alturas, firmando buenos contratos como agente libre, pero
en realidad ha decepcionado con Yanquis, Atléticos, Mets y ha regresado a
los Ranges, pero a sus 37 años, no parece ir a ningún lado con este equipo.
CIUDAD DE MÉXICO,
México, Televisa, julio 18, 2002.-
“Un pitcher debe ser bueno y debe tener suerte para conseguir un juego
sin hit”. Así lo dijo el más grande lanzador de todos los tiempos en las
Grandes Ligas, Cy Young, no sólo con toda autoridad sino con la experiencia
propia de contar con tres “doble ceros”, incluyendo un partido perfecto, entre
sus 511 victorias.
No puede negarse la importancia que tiene la fortuna en la consecución de
una joya de pitcheo de este calibre, que únicamente se ha registrado 16 veces
de manera oficial en 126 años de beisbol de Grandes Ligas; 15 veces se ha
logrado en la Liga Japonesa y sólo dos –de nueve entradas- en la Liga Mexicana.

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