Parecen que los que “van
en caballo de hacienda” son Yanquis, Mellizos, Bravos y Diamantes; también
los Cardenales gozan de una relativamente cómoda ventaja de cinco juegos en
su división, y el único sector en el que la situación está apretada en el
Oeste de la Americana, donde los Marineros tratan de soportar los embates
de Serafines y Atléticos.
Sin embargo, algunos de los perseguidores de los líderes arriba mencionados
no deben darse por muertos porque todavía tienen la esperanza de aparecer
en los playoffs y, ¿por qué no?, coronarse campeones en el Clásico de Otoño.
Cuando las Ligas Mayores cambiaron su formato de dos a tres divisiones por
liga en la campaña de 1994, se amplió de dos a cuatro el número de equipos
que participan en la postemporada en cada circuito. Es decir, avanzan los
tres monarcas divisionales y el conjunto con el mejor récord de ganados y
perdidos que no haya terminado en primer lugar al que se le da el nombre de
“wild card”.
A partir de entonces, no se acaba del todo el interés cuando alguna escuadra
se escapa con demasiada ventaja en determinada división y los involucrados
no dejan de pelear porque, en estos tiempos, se puede participar y triunfar
en la Serie Mundial aun y sin ostentar el banderín de campeón divisional y,
para muestra, están los Marlins de Florida que hicieron el milagro en 1997.
También los Mets lograron clasificarse al Clásico de Otoño en el 2000 en calidad
de “comodín”, pero cayeron ante los Yanquis.
Otra muestra de que la lucha por el wild card tiene sus tintes dramáticos
está en el hecho de que en dos ocasiones ha terminado la campaña regular con
empate entre dos novenas que no lograron el gallardete y tuvieron que disputar
un partido extra para definir quien se quedaba con el “boleto”. En 1998, Cachorros
dio cuenta de Gigantes y, en 1999, los Mets hicieron lo propio contra los
Rojos.
Los contendientes del 2002
En la Liga Nacional, Los Ángeles y San Francisco estuvieron pisando los talones
por buena parte de la campaña a los Diamantes de Arizona, pero los campeones
comenzaron a embalarse y, aprovechando los tropiezos de sus dos rivales, ya
construyeron una cómoda ventaja de siete juegos en el Oeste del viejo circuito.
Dodgers se cayó después de una buena primera mitad de la temporada, pero su
ataque se vino abajo y ya se alejaron a siete juegos de los Diamondbacks.
Los Gigantes tampoco han podido encontrar la consistencia y, pese a la productividad
del poderoso Barry Bonds, se rezagaron 10 juegos y medio con respecto al primer
lugar y ya se ve muy difícil que se recuperen. Sin embargo, ambos enemigos
californianos siguen enfrascados en la carrera por el “comodín” y los angelinos
tienen ventaja de tres juegos y medio en este departamento. Con ello, el conjunto
dirigido por Jim Tracy tratará de regresar a la postemporda por primera vez
desde 1996.
Dodgers se colocó en la mejor posición en la tabla de posiciones de los comodines
gracias a una racha de cinco triunfos, que tuvo algo de frustrante porque
hubiera bastado para recortar distancias con respecto a los Diamantes, que,
a su vez, llegaron a ligar siete victorias y por eso siguen firmes en el liderato.
Sin embargo, no están solos en la señalada contienda porque los Astros y los
Rojos no renuncian a sus posibilidades aun y cuando están a cinco y cinco
juegos y medio, respectivamente, de los Cardenales de San Luis en la Central.
Houston, que arrastra un arranque de campaña pésimo, se ha recuperado y tiene
una doble misión porque debe alcanzar a los “pájaros rojos”, a los que tiene
más cerca que a los Dodgers, los cuales les sacan seis y medio de distancia.
Los Rojos, que fueron durante un tiempo los sorprendentes líderes de su división,
la ven más difícil están todavía medio juego más lejos.
La Liga Americana presenta otro panorama, con menos equipos pero con una pelea
más cerrada.
El toque espectacular lo está dando la División Oeste, donde se suponía que
los Marineros no iban a tener problemas para refrendar su corona del 2001,
cuando ganaron 116 partidos. Sin embargo, los pupilos de Lou Piniella se han
encontrado con la inesperada oposición de Serafines y Atléticos, que les están
dando muchos dolores de cabeza.
Al finalizar la jornada de este lunes 19, Seattle se ha visto igualado por
Anaheim en el liderato, pero los Serafines tienen la ventaja de sólo dos milésimas
de porcentaje y, si la campaña ser terminara en este momento, los muchachos
de Mike Scioscia serían los campeones divisionales y los Marineros estarían
como wild card.
Pero la cosa no para ahí porque Oakland, que tiene una racha de seis triunfos,
se acercó a un juego de ambos y como van cualquier combinación es posible.
Los Atléticos podrían ser los campeones, los Serafines los comodines y los
Marineros serían eliminados. O, tal vez, Seattle conserve la corona, Oakland
repetiría como comodín y el esfuerzo de Anaheim sería en vano. Sin embargo,
también es factible que Serafines gane la división por primera vez desde 1986,
dejando en segundo puesto a Marineros y fuera a Atléticos.
En fin, ya lo dijimos; la cosa está de pronóstico reservado, pero hay un cuarto
en discordia y se trata de los Medias Rojas de Boston. Los patirrojos no aguantaron
el paso de los Yanquis de Nueva York en la División Este y ya hay un trecho
de siete juegos entre ambos. Pese a que se ve como misión imposible alcanzar
a sus odiados rivales, Boston todavía no está muerto.
Mientras Anaheim, Seattle y Oakland se despedazan, los Medias Rojas podrían
aprovechar la situación y colarse en calidad de comodín porque apenas están
separados por tres juegos y medio de los Marineros en ese standing.
Aunque el fantasma de la huelga quiera echar a perder la fiesta y dé al traste
con toda clase de hazañas individuales y colectivas, los números hablan por
si mismos en la lucha por llegar a los playoffs en el mejor beisbol del mundo.
CIUDAD DE MEXICO, México,
Televisa, agosto 20, 2002
Aunque la sombra de la huelga
se cierne amenazante sobre el beisbol de las Grandes Ligas, que podría volver
a quedarse sin el encanto de los playoffs y la Serie Mundial, en el terreno
de juego se está disputando una campaña interesante.
El sabor lo están poniendo las carreras divisionales, aunque en prácticamente
cuatro de ellas está ya perfilado el ganador del gallardete, y la batalla
por el lugar de “comodín” en ambas ligas para aquellos que ya se ven lejos
del primer lugar de su grupos, pero que siguen con aspiraciones campeoniles.

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