Hace 30 años, los beisbolistas
dejaron de trabajar, el 13 de abril, al arranque de la campaña, cuando el
tema en cuestión era el aumento en los ingresos globales y en las pensiones
para los jugadores. Fueron 13 días “de banderas rojinegras” y 86 partidos
los que se cancelaron.
Al año siguiente, durante la pretemporada, 12 días duró el cierre de campos
de entrenamiento, pero el problema se resolvió sin que se afectara el calendario
regular al llegar las dos partes a un acuerdo básico de tres años, en el que
se dio especial énfasis a la regulación para establecer el arbitraje salarial
y se le realizaron modificaciones a la controversial “cláusula de reserva”,
que era la que daba a los equipos control total sobre el futuro de los peloteros.
En 1976, estaba candente el tema de la agencia libre, situación por la que
los jugadores vislumbraban un futuro financiero sensacional, que haría caer
las restricciones impuestas por los equipos para que todo beisbolista se contratara
con la franquicia que más le conviniera. En esta ocasión, los 17 días de conflicto
se resolvieron antes de la campaña y no se suspendió un solo partido.
El mismo caso se vivió en 1980, cuando se evitó que la campaña se suspendiera
por primera vez. Fue el 23 de mayo cuando los propietarios de los equipos
acordaron otorgar una compensación monetaria a los agentes libres y todo quedó
en amenaza.
Sin embargo, no se corrió la misma suerte en 1981, cuando el mismo tema de
la compensación para los agentes libres no se resolvió y provocó que estallara
la primera huelga durante una temporada. La inactividad se prolongó durante
50 días, obligando a la cancelación de 712 partidos.
Cuando finalmente se llegó a un acuerdo, el 31 de julio, el calendario regular
había sido afectado y tuvo que modificarse el sistema de competencia. Se acordó
que los equipos que estaban en el primer lugar de sus divisiones al estallar
la huelga disputaran un playoff a ganar tres juegos contra aquellos que finalizaran
como líderes en la “segunda mitad”. Con ello, se agregó una ronda más a la
temporada por esa ocasión para determinar a los campeones divisionales. Otra
cosa que se afectó fue la realización del Juego de Estrellas que tuvo que
recorrerse hasta el 9 de agosto.
En aquella campaña que será recordada también por el encumbramiento del novato
mexicano Fernando Valenzuela, quedó para la anécdota el que los Rojos de Cincinnati
habían acumulado la mejor marca en ganados y perdidos de manera global en
la División Oeste de la Liga Nacional, pero como en ambas mitades había quedado
debajo de Dodgers de Los Ángeles y Astros de Houston, no tuvieron derecho
a participar en la postemporada.
Ese 1981 fue una primera herida al corazón de los fieles aficionados beisboleros.
En 1985 y 1990, los dueños de los equipos cerraron los campos de entrenamiento
primaverales cuando no había un acuerdo sobre un nuevo régimen de arbitraje
salarial. Sin embargo, en ese 1990 surgía por primera vez un tema que sigue
levantando la polémica y que es el tope salarial. Afortunadamente, en esas
dos negociaciones no se afectó un solo juego de temporada regular.
Finalmente, llegó 1994, un año del que todos quisieran olvidarse. El tope
salarial al que los peloteros dicen “no” de manera rotunda y un sistema de
repartición de ganancias entre los clubes con mayores ingresos y los denominados
de “mercados menores”.
Para entonces, la inflación galopante en el beisbol de las Grandes Ligas había
desatado la locura por los sueldos estratosféricos y ganar un millón de dólares
ya no era noticia sino casi casi una obligación hasta para los peloteros de
poca monta.
El sindicato de jugadores y todos sus miembros se negaron a la posibilidad
de que sus salarios alguna vez dejaran de crecer y al no llegarse a un punto
medio, estalló la huelga el 12 de agosto de 1994, fecha fatídica y que desencadenó
un paro laboral de 232 días, que cancelaron 920 partidos y evitó que se jugaran
los playoffs y hasta la Serie Mundial, un golpe del que el beisbol no se ha
recuperado.
Para el público fue una situación inusitada el que no se disputara el Clásico
de Otoño por primera vez en 90 años, algo que ni siquiera las Guerras Mundiales
habían provocado. Fue hasta el 2 de abril del ’95, que se llegó a la firma
de un nuevo contrato colectivo de trabajo. Una orden judicial impidió a los
dueños imponer el tope salarial. El inicio de la campaña de 1995 se tuvo que
recorrer hasta el 25 de abril y el calendario regular se redujo a 144 partidos
en lugar de los tradicionales 162.
El beisbol volvió a jugarse, pero la afición tardó mucho tiempo en perdonar
a peloteros y dueños y las entradas decayeron notablemente. Tuvieron que ser
las hazañas sobre el terreno de juego las que encendieran una vez más la pasión
por el que era llamado el “pasatiempo nacional” en los Estados Unidos.
Capítulos como el récord de partidos jugados consecutivos de Cal Ripken Jr.,
en 1995, o la carrera por el récord de jonrones entre Mark McGwire y Sammy
Sosa, en 1998, la misma hazaña de Barry Bonds, en 2001, a lo que se sumó una
gran Serie Mundial entre Yanquis y Diamantes, por sólo mencionar algunos,
hicieron renacer el espíritu beisbolero en muchos, pero aún así el interés
decayó de manera global.
En este 2002, muchos fanáticos están resignados a ver “morir” al Rey de los
Deportes. Es difícil concebir la situación para todos, pero principalmente
para aquellos que pagan sus entradas y consumen todos los productos relacionados
con sus equipos o estrellas favoritas dentro y fuera de los estadios. Nadie
se puede explicar por qué los jugadores, que ganan miles y millones de dólares,
quieran seguir ganando más y no permitan que se regule el fenómeno que está
poniendo en peligro sus mismas fuentes de trabajo. Muchos consideran que los
peloteros denotan una desmedida ambición, mientras que no pueden creer que
los mismos propietarios que hacen todo por pagarles millonadas a los jugadores,
incrementando la inflación, se quejen de estar perdiendo dinero año con año.
En los primeros minutos de este viernes 30 de agosto, estallaría el noven
paro laboral en las Mayores, lo que todos consideran acabará de poner al beisbol
en un cuesta abajo del que ya no podrá salir.
CIUDAD DE MÉXICO, México,
Televisa, agosto 29, 2002
La pasión que representa el beisbol se ha quedado corta cuando se habla estrictamente
de negocios, pero el dinero está por consumir o destruir la misma fuente de
donde surgió.
Cuando la amenaza de un noveno paro laboral en
las Grandes Ligas está por acabar con la actividad en una de las temporadas
más competitivas e interesantes de los últimos tiempos, es el momento de revisar
la historia de los conflictos entre peloteros
y dueños de equipos, que han roto el corazón de los aficionados.

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