Finalmente se impuso
la lógica en la serie final de la liga mexicana de béisbol?
Pareciera que si pues los Diablos llegaron a la serie final como superlideres
de la temporada regular y como amplios favoritos ante unos Tigres que pasaron
de panzazo a la post temporada.
Y sin embargo los números finales de la serie de campeonato dicen otra cosa:
Los Tigres batearon para 0.319 con 11 HR mientras que los Diablos batearon
para 0.308 con 5 HR; el pitcheo de los Tigres recibió 73 hits con un 6.60
en el promedio de carreras limpias admitidas mientras los Diablos recibieron
80 hits para un 6.20 en PCL; la defensiva de los Tigres cometió 6 errores
mientras que los Diablos cometieron 7.
En realidad son números
muy parejos, aunque no muy lógicos, pues los Tigres superaron a los Diablos
en la mayoría de estas estadísticas, sobre todo en el renglón del bateo.en
donde se esperaba mucho mas de los pingos.
Los Diablos Rojos del México se impusieron a unos aguerridos felinos que pareciera
que por jugar con su presa (cual vulgar minino cazando un ratón) esta se le
escapo. Y es que a decir verdad el campeonato de los Diablos, con todo respeto
y sin demeritar el esfuerzo de los pingos, se lo deben en buena medida más
a lo que dejaron de hacer los Tigres que a lo que hicieron en el campo los
escarlatas.
Los felinos tuvieron ventaja
de 3 juegos a 1 y tenían todo para lograr el campeonato en su casa. Y sin
embargo... ya todos sabemos la historia.
Sobre todo la de ese séptimo juego en el que todo pintaba para una victoria
de los Tigres pues el manager Lee Segman mandaba a la lomita de las responsabilidades
a Jesús Olague que había blanqueado a los Diablos en el tercer juego de la
serie y nuevamente los estaba pintando de blanco hasta que llegó la quinta
entrada, en que a mi parecer el manager felino entró en pánico y después de
un hit y dos bases por bolas ya con dos outs, decide relevar a Olague y permitir
con esto que los pingos se destaparan con 5 carreras.
Todos nos preguntamos
¿que hubiera pasado si Segman le hubiera dado un voto de confianza a su pitcher
inicialista?
¿Por qué confiar en un pitcheo de relevo que había demostrado su ineficacia
a la hora buena durante toda la post temporada?
¿Por qué no mandó de emergente a Luis Mauricio Suarez que le había bateado
bien a los Diablos, en esa séptima entrada en que con un hit se hubiera empatado
el partido?
En fin, el hubiera no existe, y hoy no queda mas que felicitar a los Diablos
Rojos del México por su décimo tercer gallardete, reconocer el trabajo de
los Tigres quienes rescataron una temporada mediocre llegando a la final y
esperar a que arribe la próxima primavera, para que se cante nuevamente el
¡play ball! en los campos de juego de la Liga Mexicana.
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