Y bueno, las cosas se
dieron de manera tal que realmente pareciera que hubo una intervención celestial
para que los serafines consiguieran el triunfo. Tal vez fue la ayuda de su
jugador 26 Gene Autrey que desde el cielo les hecho una manita, o tal vez
fueron las plegarias de miles de almas congregadas en el Edison Field que
angustiadas sentían la eliminación en la séptima entrada del sexto juego.
El caso es que viniendo siempre de atrás los angelinos consiguieron el gallardete
demostrando una vez mas que los campeonatos se logran con hombres no con nombres
y que los ángeles si existen. Año con la año la llegada de un nuevo campeón
de las grandes ligas coincide con la época de celebración del día de muertos
aquí en México.
Es tradición mexicana honrar y recordar a nuestros difuntos el día 2 de noviembre,
pero no con tristeza sino con alegría, y como parte de esta tradición se acostumbra
escribir las famosas "calaveras", que son una especie de epitafios lacónicos.
Así pues me despido con mi calavera dedicada a los Gigantes de San Francisco.
Confiados estaban los Gigantes
de ser campeones con sus estrellas,
mas la serie se les fue entre los guantes
pues los angelinos les hicieron mella.
Barry Bonds estaba emocionado
se sentía casi campeón.
Mas la calaca dijo en tono enojado
este año te llevo al panteón
Adiós, adiós Gigantes
ya será para otra ocasión.
Pero lleven en sus mentes:
"ser humilde para ser campeón"

México 29 de
Octubre 2002.
Serafines de Anaheim,
o angelinos, como los conocemos aquí en México, resultaron ser los campeones
del 2002 en el béisbol de las grandes ligas.
En uno de los clásicos de otoño mas emocionantes de los últimos años, el arcángel
Sciocia condujo a sus 25 angelitos, que nunca habían estado en una serie mundial,
para imponerse a unos Gigantes de San Francisco plagado de estrellas.
|
||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||