

CARACAS, Venezuela,
El Universal, Wilmer Zoteranis, noviembre 5, 2002.-
Los encuentros entre los Navegantes del Magallanes y los Leones del Caracas
parecieran ser dignos de una película de Alfred Hitchcock, el suspenso en
su máxima expresión. Y el guión del film de anoche pareció estar hecho a la
medida de Antonio Alvarez.
`El Potro´ soltó jonrón solitario en el tercer inning, para que al final ese
batazo marcara la diferencia a favor de los carabobeños 3-2 en el primer encuentro
entre los eternos rivales del beisbol venezolano, el cual se jugó a casa llena
en el estadio Universitario.
Alvarez regresó a su antigua
casa para recibir muchos pitos y abucheos, ya que por primera vez no vestía
el uniforme a rayas de los Leones, el cual lo dio a conocer en Venezuela y
con el cual cosechó muchos éxitos en poco tiempo.
Pero terminó saliendo a hombros, como los grandes toreros, después de cumplir
una gran faena, y aplaudido por una delirante y entusiasta fanaticada magallanera.
Alvarez no sólo levantó de sus asientos al público con su estacazo frente
al abridor y perdedor Pat Ahearne (0-1).
En la parte baja de la tercera entrada, el jardinero derecho se lanzó a la
grama para cortar en gran forma una tan peligrosa como difícil conexión de
Wilfredo Romero. Alvarez se combinó con el improvisado inicialista Carlos
Guillén, quien tiró en forma perfecta a la goma y enfrió al corredor Brian
Hawpe con un tremendo bloqueo del careta Raúl Chávez.
Entonces, sólo Henry Blanco pudo anotar con el imparable y los Navegantes
seguían arriba en la pizarra 3-2. La fiesta en la tribuna de la izquierda
no tenía límite. Y no paró hasta que Alejandro Machado se ponchó sin tirarle
para el último out del juego.
Se sufrió. ¡Y mucho! Es cierto. Porque los melenudos estuvieron atacando insistentemente,
pero las amenazas no pasaron de allí. Pero cuán satisfechos se fueron a sus
casas los seguidores del Magallanes.
Al fin y al cabo, un triunfo ante el odiado enemigo en verdad que no tiene
precio.

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