

CARACAS, Venezuela,
El Universal,Alfredo Yánez Mondragón , noviembre 27 2002.-
La Navidad llegó por adelantado, a juzgar por las caras llenas de ilusión
de los niños internados en el hospital San Juan de Dios cuando los jugadores
de los Leones del Caracas les dispensaron una visita.
La noche previa, en la mayoría de las habitaciones se veía con atención las
acciones del partido ante el Magallanes y, aunque se produjo una derrota,
ninguno de los visitados escondió su orgullo por sentirse caraquista
Ronald Erazo, un prometedor
futbolista víctima de un arrollamiento, quien se recupera de una operación
en su pierna derecha, recibió uno a uno y cada vez con mayor emoción a sus
ídolos.
`Quería conocer a Alejandro Machado y José Castillo´, decía mientras su hermano
Manuel, también emocionado seguidor de los Leones, dejaba registro fotográfico
con todos. `Ellos son muy importantes, porque con sus atrapadas en el infield
no permiten que los otros equipos bateen hits´, señaló el pequeño analizando
la labor de sus nuevos amigos.
Algo similar le ocurrió a Elián Tourkmani, una jovencita que perdió el apetito
nada más enterarse de que sus jugadores favoritos estarían en su habitación.
`Es una lástima que no le hayan ganado anoche al Magallanes, pero otra vez
será´, animaba la niña a sus distinguidos visitantes.
En los pasillos enfermeras, médicos, familiares y pacientes de otras áreas
intentaban conseguir un autógrafo. La mayoría lo logró, porque todos los jugadores
_Machado, Castillo, Pedro Quero, Joán López, Carlos Méndez, Henry Blanco y
los técnicos Carlos Subero y Antonio Armas_, con una sonrisa y gran disposición,
atendieron a las peticiones de grandes y chicos.
En la habitación de Angel González la visita sirvió como fiesta de despedida,
pues este pequeñín culminaba su permanencia en el hospital. La pequeña Stephanie,
de cinco años, recién operada del corazón, recibió obsequios de los jugadores,
que se enternecieron con su sonrisa.
Ya al final del recorrido, antes de una intensa jornada de firma de autógrafos
a las puertas del centro de salud, un niño de tres años pedía que lo sacaran
de su habitación para ver de cerca a los jugadores de su equipo. Era Edgardo
Alfonso Ramírez, bautizado así por la afición magallanera de su padre, aunque
él no duda en señalar que su novena favorita _por lo menos ayer_ es la de
los Leones del Caracas.
Sin poder levantarse de la camilla para evitar que su zona inguinal se resienta
de un quiste, el avispado leoncito recibió, como todos, el álbum conmemorativo
del cincuentenario del equipo. Además de barajitas y autógrafos, ese coleccionable
resumirá un momento especial de la vida de esos pequeños, el de su encuentro
con los ídolos que les avivaron la ilusión.

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