CHICAGO, USA, AP, enero 31, 2005.-

Sammy Sosa fue alguna vez un elemento tan popular en el Wrigley Field como las paredes de ladrillo cubiertas de hiedra y la antigua pizarra sobre las gradas del jardín central.
Los aficionados acudían en hordas al estadio para ver uno de sus majestuosos cuadrangulares, mientras que otros se reunían en la calle para intentar capturar alguno.

Ahora está por salir de Chicago para irse a los Orioles de Baltimore a cambio de Jerry Hairston y dos prospectos. La formalización del acuerdo podría ser anunciada el miércoles o el jueves.

Se separan el dominicano sonriente y el equipo para el que jugó desde 1992. Y no en buenos términos.

"Sammy ha sido excelente para el béisbol y realmente magnífico para la ciudad de Chicago, y lamento que (la relación) termine así", dijo Dusty Baker, mánager de los Cachorros, al periódico Chicago Tribune. "Su legado realmente no debería ser ese".

Sosa se ganó el favor de muchos con sus gestos muy personales: un salto después de batear un jonrón, arrojarle besos al público rápidamente antes de regresar al dugout, darse golpecitos sobre el corazón y correr al jardín derecho a toda velocidad antes de cada partido para saludar a los aficionados en las gradas.

El dominicano se deleitaba con la adulación de los aficionados, en especial en el Wrigley Field. Lo apoyaron incluso después de que usó un bate con corcho en el 2003. Pero la temporada pasada, las cosas comenzaron a cambiar debido a que él tuvo dificultades para batear igual que antes y los frustrados aficionados locales empezaron a abuchearlo.

Bateó sólo para .253 -su menor promedio desde 1997- y en 126 partidos concluyó con 35 vuelacercas y 80 carreras producidas.

Sosa, que con frecuencia se refería a sí mismo como un gladiador, pareció sentirse sorprendido de que la gente olvidara lo que él había logrado: 574 jonrones, incluyendo tres temporadas con al menos 60, y --hasta el año pasado, cuando sufrió una lesión en la espalda-- nueve campañas consecutivas con 100 carreras impulsadas o más.

Otros pensaban que ya no era espectacular. Y para nadie era un secreto que su radiograbadora, que con frecuencia se escuchaba por toda la casa club, no siempre fue popular entre sus compañeros de equipo.

Entonces llegó la gota que derramó el vaso: en octubre pasado se fue del estadio antes de que concluyera el último partido de la temporada regular, después de que en la última semana los Cachorros perdieron la ventaja que llevaban para obtener el comodín a los playoffs.

Según informes, Chicago pagará 12,5 millones de dólares de los 25 millones que le debería a Sosa en salario por esta temporada, y por un pago compensatorio y costos de indemnización por cancelación de contrato en el 2006.

El pelotero ni siquiera está solicitando una extensión de contrato, lo que significa que podrá ser agente libre después de la temporada a menos de que los Orioles propongan un nuevo trato.

"Creo que esto le dará a todos el nuevo inicio que esperaban", dijo Todd Hollandsworth, jardinero de Chicago. "Le da a Sammy la posibilidad de comenzar de nuevo y los Cachorros podemos seguir avanzando como equipo, concentrarnos en los detalles del juego".

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